Introducción

“Los videojuegos son la forma cultural dominante del siglo XXI” (Miguel Sicart), un medio que actualmente cuenta con más de 1.200 millones de usuarios y cuya importancia queda clara desde su origen, conformándose como el contacto primigenio de la sociedad con las nuevas tecnologías y convirtiéndose en el medio “pionero en generar mundos virtuales” (Andreas Lange).

Al combinar diferentes artes con las posibilidades expresivas de la computación, así como su capacidad de entretenimiento y de transmisión de información, el videojuego se convierte en una “poderosa herramienta de aprendizaje capaz de mejorar la plasticidad cerebral” (Daphne Bavelier) y en una “nueva forma de crear emociones” (Tatiana Delgado).

De esta manera, más allá del gran número de jugadores y de su relevancia económica, podemos observar la importancia del videojuego en nuestra cultura contemporánea, en un momento en el que parece que “vamos hacia una videoludificación de lo social […] en la que los videojuegos colonizan otros campos de la realidad social, como la salud, la educación, el trabajo o, incluso, las relaciones sociales” (Daniel Muriel).